"¡No estoy robando... solo lo tomo prestado!", le dice Serena al guardia de seguridad que la pilló con las manos en la masa. Sabe que robar no es muy elegante ni propio de una dama, pero ¿qué le vamos a hacer? Le encanta la emoción. Ahora, tendrá que pagar su restitución... y el guardia de seguridad solo acepta pagos en especie.